El Art Decó en México

Por  Manuel Anzures.

En el periodo transcurrido entre las dos guerras mundiales, en la década de 1920, surgió en Europa un movimiento de impacto significativo para la arquitectura y las artes decorativas.

Se le conoció como Style Moderne, pero se volvió más famoso con el nombre de Art Déco (el acento en la é varía según se respete la versión francesa o la internacional). Éste procede de la Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas, celebrada en París en 1925, donde el público pudo ver por primera vez los ejemplos de esta nueva corriente. Los objetos exhibidos en ella incluían artículos de producción industrial y varios de elaboración artesanal. Unos y otros trataban de marcar el nuevo signo de la sofisticación y elegancia.

En esa muestra ya podían observarse los rasgos característicos de ese estilo: formas sencillas y bien marcadas, ornamentos geométricos y la estilización de las figuras comunes. Los materiales para elaborarlos eran muy variados. Había algunos costosos, de origen natural, como el jade o el marfil, la obsidiana o el cristal de roca, y otros de producción industrial y masiva, como plástico, vidrio y diversas aleaciones metálicas. Estos objetos no se producían en forma industrial; sin embargo, su esencia exaltaba las características de un mundo industrializado con la creciente importancia de las máquinas que fabricaban artículos sencillos, planos y simétricos en los que podían repetirse formas y patrones.

Aparte de ello, el Art Decó se inspiraba en otras tendencias estéticas, como las ideas decorativas de los indígenas de Estados Unidos, las representaciones del antiguo Egipto y las corrientes creativas predominantes en la Europa de su tiempo, como el cubismo y la arquitectura Bauhaus.

Por otra parte, también retomó formas y figuras de la naturaleza transformadas con líneas sencillas y contundentes, como ocurre con los magueyes que apreciamos en distintas obras mexicanas del periodo.

La llegada a América

El elevado costo que alcanzan hoy día las piezas Art Decó obedece a que muchas se elaboraron individualmente o en series limitadas, como el mobiliario diseñado por Jacques Ruhlmann y Maurice Dufrène, las piezas de vidrio y joyería del afamado René Lalique, los diseños de moda e ilustraciones de Erté, las sobresalientes esculturas crisoelefantinas de Demêtre Chiparus (el gran maestro del género) y, en la pintura, los óleos y dibujos del periodo creativo más importante de la célebre Tamara de Lempicka.

En otros casos, como los de las obras del diseñador Paul Poiret y el artista gráfico Edward McKnight, el Art Decó alcanzó a públicos más amplios.

Su difusión masiva se dio gracias a la arquitectura, una vez que su impacto llegó a Estados Unidos. Fue el estilo predominante en el desarrollo de la ciudad de Miami, pero alcanzó su máxima expresión en construcciones de Nueva York, como el Centro Rockefeller, el Edificio Chrysler y el Empire State que hoy se consideran los más acabados ejemplos de esa tendencia. La Segunda Guerra Mundial marcó el declive del estilo y las creaciones se hicieron esporádicas.

En las décadas de 1940 y 1950 cayó en desuso y su revaloración hubo de esperar hasta los sesenta. De entonces a ahora ha alcanzado un nuevo estatus gracias a la creciente bibliografía y exposiciones que se le dedican.

La versión de México

México recibió la influencia del Art Decó especialmente en la arquitectura. Los primeros   ejemplos aparecieron en la década de 1920, como el edificio de la Alianza de Ferrocarrileros Mexicanos del arquitecto Vicente Mendiola, y el Orfanato de San Antonio y Santa Isabel.

También es notable su impacto en la decoración interior del Palacio de Bellas Artes, en la que se aprecian elementos clave como la estilización de figuras mexicanas y el uso de diversos  tipos de mármol, y en el Gran Frontón México, situado en la Plaza de la República. El Monumento a la Revolución, en ese mismo espacio, ofrece en sus pechinas grupos escultóricos Decó creados por Oliverio Martínez.

Las décadas de 1920 y 1930 marcaron una gran expansión de la Ciudad de México con la creación de nuevos lotes y fraccionamientos. En algunos se construyeron edificios habitacionales con el estilo Art Decó que hoy día dan un sabor único a esas calles. El caso más notable quizá es el de la Colonia Hipódromo Condesa, cuyos lotes comenzaron a venderse en 1927 y estaban dirigidos a la clase media que empezaba a

expandirse después de la Revolución.  Los creadores destacados de esa etapa fueron los arquitectos Juan Segura y Francisco J. Serrano.

Gran parte de ese patrimonio arquitectónico se ha perdido a causa de las transformaciones sin control ocurridas en la ciudad a lo largo del siglo XX y la avidez del mercado inmobiliario con su mirada vertical. Sin embargo, quedan ejemplos suficientes (y muy apreciados en la actualidad) que hacen de esa colonia un museo abierto del Art Decó. Las fachadas de esos edificios se distinguen por el dinamismo de las superficies, sus amplios paños y marquesinas adornadas con medallones o grecas prefabricadas, la diversidad de texturas y motivos en los acabados y una herrería destacada por su ritmo y geometría.

Los interiores de estos espacios habitacionales también recuperan elementos de la estética Art Decó en los mosaicos de los pisos, los plafones y grecas de yeso en los techos y, en algunos casos, las perillas y molduras de puertas, así como el mobiliario de los baños. Enrique X. de Anda, profundo conocedor de la arquitectura mexicana considera que hubo tres elementos clave en el Art Decó mexicano: el uso de la tecnología del cemento, un nuevo concepto de organización espacial expresado en la distribución de plantas y la composición característica de las fachadas.

El estilo prosperó en la zona hasta la década de 1930 y fue quizá el último que  desarrolló una genuina búsqueda estética en nuestra ciudad.

Lo sucedió cronológicamente el Funcionalismo que, si bien en un origen se preocupó por los valores visuales con resultados notables, como la Ciudad Universitaria del D.F., pronto atendió sólo a la función hasta convertirse en la serie de cajones de vidrio y cemento que hoy afean las colonias antes dominadas por el Art Decó y el Colonial Californiano.

Por fortuna aún quedan en la ciudad ejemplos distinguidos de ese período que nadie se atrevería a demoler, como la incomparable pérgola del Parque México (ahora en restauración) con la fuente de los cántaros y su imponente desnudo femenino. Esa enorme mujer que hace pensar en “la Giganta” de Salvador Díaz Mirón, nos  recuerda que el Art Decó dio una importancia vital a la figura humana y destacó a la mujer como fuerza transformadora del siglo xx. La corriente Deco fue también heraldo de la modernidad que día a día estamos cumpliendo.