Eduardo García Benito: Ícono del Art Decó en España.

Por  Victoria Mallet. 

Eduardo García Benito nació en 1891 en Valladolid. A los 12 años empezó de aprendiz de pintor y a los veintiún años fue becado por el Ayuntamiento Vallisoletano para ampliar sus estudios en París, donde rápidamente hizo amistad con Pablo Gargallo, Picasso, José Clará, Arriarán, Ugarte, Juan Gris y, posteriormente, con Modigliani, Dufy, Manet y Gauguin. Allí se estableció como retratista, artista decorativo e ilustrador.

 Realizó su primera exposición en 1917, en la galería Fauburg Saint-Honoré. Desde esta fecha expuso con regularidad en los salones oficiales de París, “La Societé Nationale des Beaux Arts” y el “Salón d’Automne”.

 En 1920, hizo el retrato a Alfonso XIII con el que figuró en la Exposición Internacional de Amberes. A partir de entonces García Benito realizó retratos, ilustraciones y decoraciones para numerosos personajes. Trabajó para numerosos periódicos, como la Gaceta du Bon Ton, Le Gout du Jour, La Guirlande y Les Feuillets.

 Cuando Conde Nast asumió el control de la Gaceta du Bon Ton, contrató a un grupo de ilustradores, entre ellos estaba García Benito. Por consiguiente pasó a formar parte de la plantilla de ilustradores de las otras dos publicaciones de Condé Nast, las famosas Vogue y Vanity Fair, realizando varias cubiertas memorables. Además de gozar de “libertad” para simplificar, para abstraer y para desarrollar su visión del diseño gráfico en el mundo de la moda.

 Sus trazos eran fuertes y simples pero muy flexibles. Con las líneas rápidas, dibujó a mujeres que personificaron los años 20 siguiendo las líneas del Art Decó, movimiento artístico nacido en esa época que extendió su influencia hasta la década de 1950, afectando tanto a las artes decorativas como a las artes visuales.

 Vivió entre París y Nueva York, y realizó retratos por encargo como el de la famosa actriz Gloria Swanson y el de Monsieur et madame Paul Poiret.

 En sus últimos años, García Benito se dedicaró a la pintura de murales y retratos, aunque continó colaborando con Vogue de vez en cuando hasta finales de los años 40.

 En 1974, el Congreso de Estados Unidos aprobó una moción felicitándole por la labor cultural que realizó en aquel país.

 Regresó definitivamente a España en 1962 instalándose en Valladolid. En 1979, se publicó el primer libro sobre su vida y obra, patrocinado por la Institución Cultural Simancas y realizado por María Teresa Ortega Coca.

 Murió el 1 de diciembre de 1981 su ciudad natal y hasta el día de hoy, sus portadas siguen llamando la atención por los diseños en los que muestra una predilección por el geometrismo que contrasta con la sinuosidad de la figura humana, y recoge de forma variada el nuevo aspecto de la mujer moderna que fuma en público, que toma “coktails”, que lleva el pelo cortado a lo chico y todo ello en contraste con la triste imagen de una sociedad como la castellana y leonesa del momento.