Ritos iniciáticos de hace 100 años.

Por  Carlos Becerril Torres. 

El 29 de mayo de 1913 en el Théâtre des Champs Elysées tuvo lugar el estreno de una de las partituras fundamentales en el desarrollo de la música orquestal del siglo pasado: La consagración de la primavera, compuesta por Igor Stravinsky.

La obra ha trascendido su original motivo estético, el de una partitura musical escrita con el fin de ser un elemento indisoluble de una puesta en escena de ballet del mismo título.

 En ella concurren, aparte de la música y, por supuesto, de los bailarines de la compañía de los Ballets Russes de Serguei Diaghliev empresario ruso, el creador de la coreografía Vaslav Nijinsky, los decorados de Léon Bakst y la conducción orquestal a cargo del maestro Pierre Monteux, quien verá encadenada su vida profesional a las insistentes y permanentes preguntas de periodistas y críticos musicales sobre el escándalo que significó, ante la audiencia, el estreno de dicho ballet.

   En una época tan remota como lo es el primer centenario del estreno de dicha obra se carece de un documento visual de aquella época, nos conformamos con los recortes periodísticos y sin tener la certeza de que aquel evento en realidad ocurrió porque no había televisión y como el lector sabe, si no está en televisión, entonces el evento nunca ha ocurrido, ocurrió, ni ocurrirá. Ni qué decir de encontrarlo en YouTube.

   Desarmemos y presentemos los distintos actores de este singular escándalo público ocurrido en Francia, entre artistas rusos y franceses, ante un público que en apariencia estaba acostumbrado a los excesos estéticos y artísticos.

   En primer lugar, los Ballets Russes, compañía de ballet privada financiada y sostenida gracias a la visión, talento y habilidad para los negocios del arte musical y dancístico de Serguei Diaghliev. El empresario ruso hacia 1910 había comisionado obras que iban a ser coreografiadas e interpretadas por su compañía a compositores de la altura de Claude Debussy, Manuel de Falla, Maurice Ravel y, desde luego, Igor Stravinsky.

   El 25 de junio de 1910 se estrena en la sala de la Ópera de París, “El Pájaro de Fuego” con música de Stravinsky. Al año siguiente, el 11 de junio en el Téâtre du Chatelet es estrenado el ballet “Petrushka”, coreografiado por Michel Fokine.

   En 1912, también en el Téâtre du Chatelet, Vaslav Nijinsky da a conocer su interpretación dancística del Preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy, obra estrenada en 1894 y que hubo de ser contemplada como la obra que marca el nacimiento del siglo XX, al lado de todos los portentos electro-tecnológicos que se conjuraban por esos años.

   La puesta en escena del “Preludio”, anticipaba el escándalo a ocurrir el año siguiente, ya que Nijinsky se apartó de la concepción mallarmeriana y propuso un fauno pleno de contenido erótico, al grado de que en alguna de las presentaciones hubo de aparecer la policía y al no encontrar algo ofensivo a las buenas maneras y costumbres se retiro sin haber obtenido un triunfo a sus esfuerzos, ya que el coreógrafo retiró el gesto final que había escandalizado al público y por el que se había pedido la intervención de alguna fuerza moral coercitiva.

   Para la temporada siguiente, a iniciarse en la primavera de 1912, se le comisionó a Maurice Ravel un ballet basado en un tema de la mitología griega: “Daphnis et Chloé”, con coreografía de Michel Fokine. Nijisky interpretó el papel del pastor Daphnis y Tamara Karsavina el de Chloé. La conducción orquestal en los cuatro ballets estuvo dirigida por el maestro Pierre Monteux.

   Los ballets mencionados pavimentaron y cimentaron en el gusto del público europeo la fama y reconocimiento de la capacidad para la innovación y la creatividad tanto de los compositores franceses y rusos, como del empresario.      De ahí surge la petición de Diaghilev para un nuevo espectáculo de ballet que había de reconocerse como “La Consagración de la Primavera”.

   Igor Stravinsky, comenzó a idear la partitura en la primavera de 1910, mientras terminaba la música del “Pájaro de Fuego”. Esa idea inicial requería de un argumento y para ello buscó la colaboración de Nicolás Roerich… pues es quién más conoce el secreto de los fuertes sentimientos de nuestros ancestros por la tierra, escribe el compositor. Al año siguiente, en el mes de agosto Diaghilev, el entrega 100 coronas por la comisión para escribir “Vesna Sviasschennaya” que puede traducirse como la “Primavera Sagrada” o la “Primavera Santa”. El título francés “Le Sacre du Printemps” le fue adjudicado por León Bakst. El compositor prefiere el título de la “Coronación de la Primavera” en lugar del “Rito de la Primavera”; con todo, se ha colado en el gusto de audiencias y críticos el nombre de “La Consagración de la Primavera” y así es conocida hasta la actualidad.

Escándalo y consagración en Igor Stravinsky

   Hacia marzo de 1912, los Ballets Rusos se hallaban de gira por Monte Carlo y el empresario ruso le  susurró a Pierre Monteux, durante un ensayo del “Pájaro de Fuego” y “Petrushka” que Stravinsky había escrito una nueva obra extraordinaria. En ese mismo mes el compositor ruso reunió a Diaghilev, Nijinsky y Monteux con el fin de mostrarles la partitura, misma que fue interpretada al piano por el compositor. Todos los concurrentes a la audición quedaron asombrados. El empresario ruso le señaló al director de orquesta “Monteux, esta es una obra maestra que revolucionará la música completamente y lo hará famoso, porque usted va a dirigirla”.

   Claude Debussy, le escribe a Stravinsky lo siguiente… La Sacre du Printemps se ha quedado grabada en mi mente. Me tiene cautivado como un maravilloso sueño y trato en vano de reinvocar esa inmensa impresión. Por ello, espero como un niño impaciente su presentación en escena.

   Para darse una idea de la dimensión y recursos necesarios que hubieron de invertirse en la presentación de la obra, piénsese en los costos de renta del teatro, los salarios de los bailarines y de los encargados de la tramoya, además del coreógrafo, diseñadores de vestuario y escenografía, la contratación de la orquesta y su director y el pago al compositor, además de los costos de impresión de las particellas correspondientes a cada sección instrumental.

   La obra requiere de una dotación orquestal nunca antes solicitada hasta aquel momento.  Requiere dos flautas picolo, dos flautas, una flauta alto, cuatro oboes, dos cornos ingleses, un clarinete en Mí, tres clarinetes en Si bemol, dos clarinetes bajos, cuatro fagotes, dos contrafagots, ocho cornos, una trompeta picolo en Re, cuatro trompetas en Do, tres trombones, dos tubas, cinco timbales con dos ejecutantes, un tambor bajo, pandero, gong, triángulo, platillos antiguos, güiro, además de la normal dotación de cuerdas.

   Los costos, la recuperación de la inversión y las consiguientes utilidades de las producciones escénicas de los Ballets Rusos provenían de mecenas aristocráticos como la condesa Greffulhe, esposa de un poderoso banquero y, por medio de esa relación, el empresario logró conocer a otros personajes de enorme poder adquisitivo e interesados por la promoción de nuevas ideas en la música y, desde luego, esa audiencia sabía apreciar y aplaudir las nuevas propuestas musicales y escénicas.

   Un día antes del estreno público de la obra el 28 de mayo, se realizó el ensayo general o ensayo con vestuario a la que asistieron Debussy y Ravel, críticos y conocedores. La función transcurrió sin incidentes.

   Al día siguiente ocurrió todo lo contrario. La audiencia, desde antes de la entrada del solo de fagot, estaba inquieta y al ver a los bailarines con las rodillas dobladas y en posiciones totalmente opuestas a la primera posición del ballet clásico estalló la tormenta entre la bien educada y conocedora audiencia. Puñetazos, imprecaciones, intercambio de tarjetas para batirse en duelo al día siguiente. Un bando se encontraba en las butacas y palcos y el otro en los balcones. A pesar del tumulto el director musical continuo con la obra y todo concluyó.

   Tal vez el público francés se había sentido violentado porque se rompía uno de los sacrosantos misterios escénicos el de que el ballet es propiedad de Francia, así como el jazz de los Estados Unidos, la ópera de Italia y la sinfonía de Austria y Alemania.

   Otra conjetura es que la puesta en escena en su conjunto de música y coreografía avant garde de Stravinsky, era demasiado avanzada para ese público en una temporada de ballet en la que se había programado, antes de La Sacre, Las Sílfides, El Espectro de la Rosa (basada en la famosa Invitación al Vals de Carl María von Weber, orquestada por Héctor Berlioz) y las Danzas Polovetzianas del Príncipe Igor. No sorprende, entonces la reacción del público.

   No obstante el inicial escándalo, a los dos meses el ballet se presenta en Londres y recibe una aceptable ovación por parte de aquella audiencia, al final de la representación el telón sube siete veces en señal de aprobación y reconocimiento.

   Al siguiente año Pierre Monteux le sugiere a Igor Stravinsky una presentación en concierto exclusivamente con la música. La función se efectúa en el Casino de París el 5 de abril y es todo un éxito, tal que el compositor es levantado en hombros. El cronista del periódico Comoedia lo describe así:  Después del último acorde fue el delirio. La masa de espectadores en una fiebre de adoración gritaba el nombre del compositor y todo el público empezó a buscarlo. Una exaltación impercedera reinaba en la sala y los aplausos continuaron hasta el desmayo. La reparación fue completa. París se rehabilitó. El gentío que invadió el Casino de París paró el tráfico en la Rue de Clichy y llevó en hombros al compositor hasta la Plaza de la Trinite…

 

Carlos Becerril Torres, comunicólogo, egresado de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM está por publicar un ensayo acerca de los diversos medios de preservación y registro de la música de concierto. En el cual queda de manifiesto que una grabación es un documento de época, una interpretación y un medio de almacenamiento similar a lo que han sido los libros para el pensamiento humano.