Palacio de Minería: Dos siglos de historia mexicana.

Por  Victoria Mallet.

Nacido para albergar la primera escuela de minería de México cuando este país era una potencia en explotación de minerales, en sus 200 años recién cumplidos el Palacio de Minería de la capital ha sido testigo de muchos de los pasajes históricos más representativos de estos siglos.

El edificio ha sido testigo de muchos acontecimientos históricos que han pasado por México, pues tiene más años que la Independencia, que la reforma y que la Revolución. Ubicada en el Centro Histórico de la capital mexicana, esta edificación, una muestra del más puro estilo neoclásico, no es una de las más antiguas, pero sí una de las más importantes por su conservación y el uso que aún se le da.

Hoy, 200 años después de que se abriera como internado y sede de estudios de la explotación de las minas, especialmente de las élites terratenientes del Siglo XIX, todavía siguen impartiéndose clases.

Sobre sus 7,539 metros cuadrados de superficie, el arquitecto valenciano Manuel Tolsá (1757-1816) diseñó un edificio que tiene 17,929 metros cuadrados de superficie construida.

En la primera década del Siglo XIX, México era una de las potencias más importantes en minas de plata, oro y cobre y el apetito que había de estudiar la explotación de estas era muy grande. Por ello, el palacio se convirtió en el lugar al que los hijos de los dueños de minas de todo el país iban a estudiar.

Si bien el Colegio de Minería empezó en 1792 en otro centro, ante la necesidad de ampliarse en 1797 se inició la construcción del Palacio, que se prolongó 16 años, hasta la inauguración oficial de 1813.

Como muchos otros edificios ubicados en el centro capitalino, fue construido sobre el lecho seco de un lago y en 1830 tuvo que ser sometido a una intervención para reforzarlo porque se estaba hundiendo, unas obras que duraron 30 años y en las que siempre se conservó y respetó el estilo neoclásico inicial de Tolsá.

En los años de la intervención estadounidense (1846-1848), el Palacio de Minería fue ocupado por el Ejército del vecino país y durante unos meses fue su cuartel general. Tras las leyes de reforma impulsadas por Benito Juárez, que buscaban la separación de la iglesia y el Estado, la educación pasó de ser católica a laica y la escuela comenzó a tomar distancia con la religión, lo que se refleja en la antigua capilla, donde a un lado está la Virgen de Guadalupe y al otro el escudo nacional.

Entre finales del Siglo XIX y principios del XX, el Palacio de Minería pasó a ser parte de la Secretaría de Fomento y en la primera década del nuevo siglo se instaló en una de sus salas la Cámara de Diputados, cuyos sillones todavía permanecen intactos.

Fue allí donde el general Porfirio Díaz tomó protesta por última vez como presidente en el año 1910. En 1929, se dictó la autonomía de la UNAM y el colegio pasó a formar parte de ella en una época en la que comenzaron a desarrollarse otros campos de la ingeniería en este edificio.

En aquella época el Palacio tenía piscina, salón de juegos, gimnasio y una vez al año era sede del popular y exclusivo “Baile de Blanco y Negro”.

En 1954 algunas carreras adscritas a la Escuela Nacional de Ingeniería se trasladaron al campus de la UNAM del sur de la ciudad hasta que en la siguiente década abandonó por completo el recinto.

En la década de los setenta vivió seis años de intervención arquitectónica para albergar la oficina de Educación Continua de Ingeniería de la Universidad, donde se imparten cursos de formación.

La construcción forma parte de la zona de monumentos arquitectónicos del Centro Histórico de la Ciudad de México, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987. El edificio se conserva, desde hace 200 años, gracias al trabajo de diversos arquitectos e ingenieros quienes lo han intervenido en diferentes ocasiones: Antonio Villard Olea, Emilio Dondé, Eleuterio Méndez y Antonio M. Anza, Francisco Serrano y José G. Ledesma.

Desde 1893, en el vestíbulo del Palacio de Minería se exhibe una de las colecciones de meteoritos más notables del mundo. Estas piedras destacan por su tamaño y una de ellas, “El Morito”, es la única pieza orientada más grande del planeta.

Además, alberga el Museo Manuel Tolsá, la Biblioteca “Ing. Antonio M. Anza”, el Centro de Información y Documentación “Ing. Bruno Mascanzoni” y es la sede de la División de Educación Continua y a Distancia de la Facultad de Ingeniería, así como de la Academia Mexicana de Ingeniería y la Academia de Música del Palacio de Minería, entre otros.

Hoy, el Palacio de Minería es un centro académico y cultural, resguardado por la Facultad de Ingeniería de la UNAM, en el que se dan cita cursos, talleres, diplomados, congresos, conciertos, expresiones artísticas, exposiciones y es sede de uno de los eventos literarios más importantes de nuestro país, la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.